FERIADAZO POR LA VACUNA OBLIGATORIA

La epidemia de fiebre amarilla de 1871 llegó a un cultivo perfecto debido a que, a las características de la época respecto a sanidad, se le sumaron cuestiones de la gestión de gobierno.

El año anterior, cuando ya se sabia que en Río de Janeiro la fiebre amarilla era endémica, el puerto determinó que toda embarcación que proviniese de esa zona, representaba un peligro mayúsculo y cierto, y que por lo tanto debían permanecer en cuarentena.

En la practica se realizaba solo sobre algunos de ellos, y solo por diez días, debido al fuerte impacto político y comercial que implicaba mantener las embarcaciones paradas en el puerto secundario de Ensenada.

La gestión de gobierno de Sarmiento, endeudada tras la guerra del Paraguay, no comulgaba ni ideológicamente ni con el bolsillo de gestión en aumentar los controles que entorpecieran el “libre comercio”.

El brote habría llegado (en una especie de karma histórico tras la masacre) con los soldados que volvían del Paraguay, aunque los responsables de esa guerra, y toda el ala de gobierno, fueron los primeros en abandonar la ciudad.

La vieja epidemia, fue un punto que reestructuró la ciudad, con movimiento de barrios enteros, disminución de la población, y otra población muy dañada por imágenes como la de cadáveres en las esquinas esperando ser retirados para ir a la fosa común. Murió el 8% de la población, no habían ataúdes suficientes. Se les sumó el desabastecimiento producto de las regulaciones de acceso a la ciudad y a que no muchos se animaban a entrar.

Además, el gobierno se demoró en recomendar la huida de la ciudad, y las casas de quienes se fueron, fueron saqueadas a la luz del día.

Así, el 10 de abril, se decretó feriado hasta fin de mes.

Hoy también hay algunas cuestiones de gobierno que, en cuanto a prevención, dejan mucho que desear.

Para empezar, en el año 2017 hubo denuncias de provincias y dependencias sobre la reducción de presupuesto para combatir el mosquito Aedes aegypti, que además de la fiebre amarilla, trasmite el dengue, Zika, y la chikungunya.

El último verano hubo faltante de vacunas gratuitas contra la fiebre amarilla, ante lo cual se intento instalar que quienes viajaban a zonas afectadas debían hacerse cargo y pagarla. ¿Antes de disminuir los incentivos a la vacunación, no debería por lo menos ser primero una obligación de la Argentina para aquellos que viajan hacerlo de manera privada? Ya se detectaron casos importados de la fiebre en el país.

Afortunadamente, la comunicación y el acceso a la información actuales, hacen muy difícil pensar que un foco de contagio no fuera fácil de detectar y aislar. Ayer, por ejemplo, un buque uruguayo proveniente de Brasil con marines de distintos países, entre ellos argentinos, analizó en Montevideo casos sospechosos de fiebre amarilla o dengue.

La ciudad, hoy, está llena de mosquitos. Y no es un tema que ocupe agenda. Si bien existe la vacuna, y la misma forma parte del calendario gratuito y “obligatorio”, la vacuna figura para aquellos que vayan a zonas de riesgo.

No es intención entrar en discusión con los antivacunas. Pero, es hora de que nos planteemos si dada nuestra historia, y dada la falta de capacidad para controlar el mosquito, no es necesario que la vacuna de fiebre amarilla sea parte del calendario obligatorio argentino, y de esa manera asegurarse que ni las peores malas suertes nos pueden hacer repetir miles de muertes.

 

Mas información interesante acerca del brote de 1871.