Déficit público: ¿poner el hombro?

El gobierno no lo explica, pero lo usa como argumento para llevar adelante sus políticas de ajuste y redistribución del ingreso.

El déficit público es aquello que el Estado gasta de más por sobre sus ingresos. Por convención, y para poder identificar el peso de los gastos financieros por sobre el resto de los gastos, se lo divide en déficit “primario” y déficit “financiero”.

Déficit primario + déficit financiero = déficit público

Según los últimos datos, de mayo 2018, el déficit fue:

$7.818 millones (primario) + $27.339 millones (financiero) = $35.157 millones (púbico) (*)

Las políticas de ajuste macristas están destinadas a reducir el déficit primario, o sea, a reducir sueldos (aumentándolos por debajo de la inflación y mediante despidos), a disminuir la obra pública, a bajar los subsidios, y a recaudar más impuestos (sobre algunos).

Nunca mencionan el déficit financiero, tampoco nadie se lo pregunta, y hasta es difícil encontrar los datos oficiales referidos a él. Desde que asumieron no han hecho más que tomar deuda, y lo siguen haciendo.

Nuestro déficit primario, medido en relación a nuestra producción, está en línea con el de países desarrollados.

Además, por una cuestión contable, y debido a su supuesta independencia, el enorme déficit financiero no incluye los intereses que paga el Banco Central, que en Lebacs en 2017 pagó (al cambio del momento) USD 10.000 millones, más que todos los subsidios a luz y gas de ese mismo año. A este otro déficit, más oculto todavía, se lo llama déficit “cuasi fiscal”. (*)

Los dos años de endeudamiento feroz por parte del “mejor equipo de los últimos 50 años” van a significar mucho esfuerzo futuro, porque, aunque el equipo suplente actual lograra reducir totalmente el déficit primario, los impuestos (de una sociedad cada vez más empobrecida) van a tener que seguir saliendo para sostener los déficits financieros y cuasi fiscales que construyeron (y construyen) con tanta alegría y optimismo.