Balvanera se convierte en galeria del arte urbano porteño

Sí Horacio Ferrer pudiera darse una vuelta por Corrientes y Callao, esquina que lleva su nombre en honor a la letra de su famoso tango "Balada para un loco", tal vez pudiera darle aún más a su famosa frase inicial sobre el "qué se yo" de las tardecitas de Buenos Aires.

Al finalizar las tardes en el famoso barrio de Balvanera, los comerciantes comienzan a bajar los telones para así dar comienzo a una nueva función de los artistas callejeros porteños, autores colectivos de este nuevo "qué se yo" que vino a darle un poco de color al frío metal fronterizo.

Sí, Balvanera parece estar haciéndolo de nuevo, ya Jorge Luis Borges advertía la bravura de la zona al responsabilizarla de otorgar al tango sus matices eróticas más notorias. Ahora sus calles parecen estar convencidas en querer convertirse en una galería de arte urbano de magnitud impresionante, comparable ya solamente con las mayores paredes vivas del mundo.

Berlín ostenta hoy el primer puesto con su muro tomado por artistas.

Nada mejor que el arte para visibilizar lo invisible, para gritar lo impronunciable, para dinamitar los esquemas irrompibles. Bien lo saben seguramente el grupo de apasionados que nos han regalado este respiro a los transeúntes, quienes pareciera que solo tenemos derecho a ver publicidad en nuestro espacio público.

Por supuesto, siempre estan las filas de los esquematicos y de quienes ignoran el carácter público (que tiene el, valga la redundancia, espacio público). Ellos se caracterizan por aceptar, y con mucho orgullo, que nuestra vista este "garabateada" con el nombre de grandes compañías, o ocupadas con grandes pantallas, siempre y cuando sean abanderadas del deber ser. No les molesta que el espacio de todos se haya convertido en un gran estacionamiento, pero si les molesta el uso del mismo por parte de los débiles y oprimidos,o por parte de cualquier artista que quiera darles voz

El arte callejero viene a ser un héroe en todo este lio, y viene a proponer de manera inteligente, de manera que nadie debería oponerse. El arte está en la sangre de Balvanera y de la ciudad, y esta condenado a seguir brotando en todos los rincones cada vez más fuerte.

 

 

Nota y fotos por @saime_rej

English Version:

If Horacio Ferrer could go for a walk around Corrientes and Callao, corner that bears his name in honor of the lyrics of his famous tango "Balad for a crazy", maybe he could give us something like a cousin to his famous opening sentence about that "I don't know what"of the afternoons in Buenos Aires.

At the end of the afternoon, in the famous neighborhood of Balvanera, merchants begin to lower the curtains to starting in that way a new function of porteños street artists, collective authors of e new "I don't know what" that came to give a little Color to the cold metal frontier.

Balvanera and his artists seem to be doing it again, Jorge Luis Borges warned the bravery of the area by holding it as responsible for granting tango its most notorious erotic airs. Now its streets seem to be convinced to become an urban art gallery of impressive magnitude, comparable only with the largest living walls in the world as Berlin wich today has the first place with its wall taken by artists.

Nothing is better than art to visualize the invisible, to shout the unpronounceable, to blast the unbroken schemes. Well surely know the group of passionate that have given us this respite to passersby, seems that only have the right to see advertising in our public space.

Of course, there are always the rows of schematics and those who ignore the public character (forgive the redundancy, public space). They are characterized by accepting, and with great pride if our sight is "scrawled" with the name of big companies, or occupied with large screens, as long as they are standard bearers of the duty to be. But it does not seem to bother them that the space of all has become a large parking lot, but they are bothered by the use of it by the weak and oppressed, or by any artist who wants to give them a voice

Street art becomes a hero in all this, and this proposes an intelligently popular appropriation of public space. The art is in the blood of Balvanera and the city, and is condemned to continue sprouting in every corner, stronger and stronger.